The reader (2008).

The reader. Entre Eros y Trauma

Entre Eros y Trauma:

Curiosamente, la mayoría de los artículos sobre cine erótico recomiendan esta película. Seguí la recomendación y la vi sin saber el argumento ni leer previamente la novela homónima de B. Schlink. Me interesaba encontrar un plano significativo; la puesta en escena de este concepto problemático que es el erotismo para mi proyecto de ilustraciones El cine y el sexo
Y me encuentro con The reader, que versa sobre el trágico affaire entre un adolescente (Michael) y una mujer adulta (Hanna), ambientado en la Alemania de finales de los años 50, cuando aún el holocausto judío ensombrecía la consciencia y la reestructuración de la sociedad alemana de postguerra. Por esta razón, el filme se define por una intensa y difícil tensión entre Eros y trauma.

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Fotogramas de The married cercle (E. Lubisch, 1924) y The reader (S. Daldry, 2008): Con esta cita o referencia a Lubisch, Daldry nos anticipa a la ausencia que definirá la vida de los personajes después de su insuperable y fugaz encuentro.

Eros luchando contra Trauma, figura representada en el estado de shock de Hanna, en la repetición de la limpieza, o en la compulsión de Hanna al limpiar bruscamente el cuerpo de Michael mientras lo baña. Esta obsesión por la higiene podría denotar la culpa sexual de Hanna, al deseo, cuando todavía no conocemos su pasado.

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Fotogramas de The reader

Pero no es exactamente el sexo «incorrecto» el origen del trauma,  sino el secreto crimen que Hanna  perpetró en los años del nazismo, cuando las masas fascistas, proyectando su Yo-ideal (el führer), legitimaron o participaron en el genocidio más racional de la historia. En el que la obediencia funcional, la frustración y la maldad sistémica(Hanna Arendt. 1963), condujeron a un oscuro movimiento tanático a una sociedad fulminada por una crisis severa y tan profunda como su deseo de reconocimiento y grandeza (Peter Sloterdijk. 2002).

Entonces ¿qué tiene de erótico este relato más allá de las sutiles escenas sexuales intercaladas con baños y diversas lecturas, entre ellas la del no tan inocente Tintin, desarrollado en un contexto tan hostil?

Eros –que se dirige al otro en sentido enfático– recorre, obstinadamente, todo el filme debido a la apertura del Yo, pese a su continua caída. El trauma, de la catástrofe que rememora, señala esta caída del Ser, su fragmentación y aniquilación como resultado de su salto al primitivismo narcisista.

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Fotogramas de The reader

Eros, en tanto que apertura del ser (Georges Bataille, 1957), es invocado continuamente por la imposible pareja. Incluso el destino de Hanna; su decisión final es el último grito de Eros en forma de renuncia de sí misma –aunque no es un olvido, sino la imposibilidad de éste– al atisbar por fin el Afuera, al ver al Otro que nunca había sido capaz de ver. Lo consigue gracias a Michael. Esta renuncia, como los libros que representan un particular movimiento aristotélico (ignorancia-conocimiento-conciencia), es quizá la única liberación o redención posible. De ahí que les de un doble uso; como soporte para alcanzar la conciencia y la muerte. Así, Eros está siempre presente como un acto de renuncia o apertura hasta las últimas consecuencias, llevado a diversos planos de la existencia de los personajes, más allá del placer y del dolor.
De este modo, la película planea sobre la obstinación de Eros frente al pasado y estado mental de Hanna («…Como el interno de un campo de exterminio que, tras sobrevivir mes a mes, se acostumbra a la situación y observa con indiferencia el espanto de los que acaban de llegar. Que lo observa con el mismo estado de embrutecimiento con que percibe el asesinato y la muerte. Todos los supervivientes que han narrado por escrito sus experiencias hablan de ese embrutecimiento, en el que las funciones de la vida quedan reducidas a su mínima expresión, el comportamientose vuelve indiferente y desaparecen los escrúpulos, y el gaseo y la cremación se convierten en hechos cotidianos. También los criminales, en sus escasos relatos, presentan las cámaras de gas y los hornos crematorios como su entorno de cada día, y ellos mismos se pintan reducidos o embriagados en su falta de escrúpulos y su indiferencia, en su embotamiento. Las acusadas me parecían presas todavía, y para siempre, de ese embrutecimiento, como petrificadas en él». The reader, 1997. Bernhard Schlink
–antieróticos por antonomasia– y en contra de las convenciones sociales, ya que la diferencia de edad –más física que mental– es significativa. En todo caso, supongo que la juventud de Michael enfatiza no sólo la inocencia sexual sino también el desconocimiento de la barbarie. Talvez es debido a su ignorancia que es capaz de amarla, talvez porque Hanna es profundamente ignorante es capaz de amarlo. Es en esa nube, lejos de lo real, dónde pueden encontrarse; lo que a su vez, subraya la fuerza ciega de Eros, en contra de la racionalidad y la dureza e imposibilidad de la realidad.

No tengo miedo, no tengo miedo de nada. Mientras más sufro, más amo. El peligro sólo aumentará mi amor, lo agudizará, le dará sabor, seré el único ángel que necesites. Dejarás esta vida siendo más hermosa que cuando entraste en ella. El cielo te recibirá de nuevo, te contemplará y te dirá: sólo una cosa puede hacernos tan completos y esa cosa es el amor.
                                                                                                                                                                                     (voz en off de Michael en etapa del romance)

Fotogramas de The reader. Las escenas eróticas suelen tener tonos epidérmicos, fuertes contrastes y casi siempre con iluminación naturalista. El contenido de los planos es sutil y destacan sobre todo la sonrisa placentera o el gesto extático.

Eros, encarnado por Michael –pese a su relativa cobardía posterior– despierta a Hanna dos veces del letargo narcisista analfabeto y del horror que es presa y responsable. Porque ella en tanto que “ciudadana normal”(Hanna Arendt, 1963)  posee una vergüenza (analfabetismo) y un secreto indecible (crimen) que Michael descubre después de haberse entregado por completo y haberla perdido, después de haberla amado y haber sido amado por ese terrible producto de las circunstancias miserables de aquella época en Europa.

En definitiva, The readeres es una historia sobre el desafío de Eros –representado al principio por el sexo y la literatura y al final por la comprensión y la conciencia moral– frente a Tánatos. Es el movimiento postraumático y obstinado del amor para superar al odio y todo lo que este conlleva. Pero todo parte con el deseo y el encuentro físico, es decir, del erotismo lisa y llanamente, entendido como el encuentro sexual de dos sujetos. En este caso sujetos fragmentados, rotos, que pese a todo son arrastrados por esta ciega fuerza que trastocará para siempre sus vidas.

En este sentido, el filme plantea ciertas interrogantes:

¿Es posible el amor después del trauma profundo, o a pesar de éste?

¿Tiene Eros todavía el poder de redimirnos, de volvernos a la vida y sacarnos del encierro tanático y narcisista del que supuestamente somos presa como individuos de la sociedad posmoderna?

¿El deseo –en su doble direccionalidad– puede liberar al Yo de sí mismo, de lo real y llevarlo o devolverlo a ese espacio compartido donde el Otro vuelve a ser vislumbrado como Otro atópico (Roland Barthes, 1993) y deja de ser una simple proyección del sí mismo?

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Fotogramas de The Reader. La cárcel y el aprendizaje de Hanna a leer y a escribir. Formalmente se lleva a cabo una fina y conseguida dialéctica visual en estos cruce de planos en el que un plano se vela en el siguiente; Michael en tonos ocres, cálidos y Hanna en tonos azules, fríos. Así, en este juego de planos tonalmente opuestos se da una simbiosis perfecta entre la función sintáctica y plástica que da lugar a la función poética de la escena.

 

Las formas del relato cinematográfico:

El filme se estructura mediante las elipsis, ejercicio ya utilizado a la perfección por Daldry en Las horas, tomando así como eje central el tiempo y el espacio. A través de elementos como el tranvía –con el cual no sólo se realizan  los raccords, sino que además simboliza un tipo de fetiche: el recuerdo de Hanna como revisora de tiquets– hacemos un viaje básicamente por tres periodos de la vida de los personajes.

Fotogramas de The reader

Fotogramas de The reader 

Podríamos decir que esta trágica odisea (hecho resaltado con el libro de Homero y  la explicación del maestro de escuela) se divide en tres bloques: romance, juicio y cárcel. A nivel formal esta triada se enfatiza con la simetría general de los planos fraccionados verticalmente en tres partes. Además es notable el uso del afuera espacial como otro elemento elíptico que nos trasportará al recuerdo y al presente. La fotografía naturalista y austera como los decorados y el vestuario reflejan el carácter de Hanna, distante, fría y sobria. Todo esto se combina dialécticamente con la calidez y luminosidad de los planos en que se representa la felicidad infantil y efímera de los amantes y remarcan el carácter del adolescente Michael, alegre, valiente y optimista.

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Fotogramas de The reader. La mayoría de los planos están divididos hieráticamente en tres partes.

The reader es una tragedia, no sólo por la imposibilidad de la relación de los amantes y el contexto de la historia, sino porque a pesar de Eros la consciencia y el saber pesan demasiado, porque los secretos que distancian a Hanna y Michael son insuperables en el plano de lo real.
        El que posee el saber posee el dolor, así pues, quien aumenta su conocimiento, aumenta su sufrimiento.
                                                                                                                                                                                            (voz en off de Michael en etapa del juicio)

 

 

Ficha técnica de The reader

Carla Soza, 2019

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