The addiction (1995)

 

 In – Out

 

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The addiction, 1995 Abel Ferrara

 

The addiction, de Abel Ferrara y Nicholas St. John, es un ejemplo fehaciente de cine postmoderno, y como tal, su narrativa desconstructivista del género fantástico –de vampiros– convive monocrómicamente bien con la temática de la adicción y el planteamiento de algunos problemas filosóficos, como la duda moral y la existencia o la condición humana –el Ser a la deriva, en este caso.
Con estos elementos básicos, el filme nos incita a seguir el paradójico1puesto que lo que esclaviza también libera, pero esa liberación implica la muerte. camino descendente de la protagonista; vamos desde la realidad positiva –representada en el claustro universitario– a la negatividad total, o des-realidad, que determina al outsider yonqui.
Para emprender este descenso, el relato fílmico parte de una inquietud moral representada en el personaje de Kathleen, estudiante de postgrado de Filosofía.

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Fotogramas de «The addiction». Abel Ferrara y Nicholas St John. 1995

Después de la introducción –con los créditos junto a la banda sonora de Addiction (Eddi Kendrix & David Ruffin)–, la primera escena encuadra un documental proyectado en un aula universitaria sobre los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Vietnam. Al salir del aula, Kathleen discute con su compañera Jean y crítica la arbitrariedad de los Juicios al atribuir responsabilidad y castigar aleatoriamente a unos culpables y no a otros, enfatizándose con este gesto la rectitud o superioridad moral inicial de la protagonista.

En la escena siguiente –con tintes de cine post-noir–, de camino a casa es atacada en la calle por una vampira, Casanova. Con este hecho fantástico se expande la constelación metafórica del relato fílmico sobre la trayectoria de un tipo particular de outsider: el que es empujado al abismo de la necesidad y al no-lugar de la negatividad.

Kierkegaard tenía razón; hay un terrible precipicio ante nosotros. Pero se equivocó en lo del salto. Hay una diferencia entre saltar y que te empujen.
(Soliloquio de Kathleen. Voz en off)

 

Fotogramas de «The addiction», 1995

 

En este viaje de disolución y de alejamiento del mundo positivo se mezcla lo vampírico con la adicción, el vampiro es un adicto y viceversa. Pues esta rima narrativa representa la dicotomía esencial entre la voluntad ilimitada y la necesidad patológica, propia del adicto o del vampiro.

fotogramas de la secuencia en que Kathleen sale en busca de droga-sangre y se la extrae a un homeless. Pese a no distinguirse el color de la sangre, elemento esencial de las películas de vampiros, la dureza y abyección de este fragmento no se mitiga por la imagen en blanco y negro.

Pero Kathleen no cae sin más, el hecho de que sea estudiante de Filosofía, encarnación del pensamiento positivista en el filme, justifica una reacción distinta ante la inminente caída: ella cuestiona su propia naturaleza y la responsabilidad que le atañe ante la transformación, en principio, degenerativa. De ahí su reinterpretación del axioma cartesiano, Cogito ergo sumPeco ergo sum. A nivel discursivo, entra en juego todo un soliloquio –cargado de referencias filosóficas y literarias– sobre la verdad, la moral y la incapacidad del pensamiento para “corregir” la tendencia humana a la aniquilación en beneficio del propio ego. –En este sentido la película postula un cierto determinismo pesimista en detrimento de la supuesta libertad humana o libre albedrío. De ahí que Kathleen critique la “soberbia” narcisista de los filósofos al pretender transformar la realidad con sus sistemas filosóficos egocéntricos.

Ahora comprendo claramente la mitad de la verdad y eso es más de lo que ellos reconocen. el viejo proverbio de Santillana: «Aquellos que no recuerdan la Historia están condenados a repetirla» es mentira. No existe la Historia. Todo lo que somos está siempre con nosotros. la pregunta es: ¿Qué puede salvarnos de nuestra salvaje insistencia en expandir la desgracia por todas partes?
(Soliloquio de Kathleen. Voz en off)

Kathleen, en su desarraigo progresivo de la normalidad positiva, vive en carne propia la intemperie, la soledad y la culpa del apetito insaciable. Y esta metamorfosis personal se desarrolla en paralelo a la desmitificación y des-realización del mundo, en especial el mundo del pensamiento que fundamenta esa normalidad: la ética convencional basada en las viejas fantasías platónicas y católicas.

La esencia se revela a través de la praxis. Las palabras del filósofo, sus ideas, sus acciones, no pueden separarse de sus valores, de su significado.
(Argumentación de Kathleen en la lectura de su tesis doctoral ante el claustro)

 

La joven filósofa es arrastrada a la oscuridad –al afuera–. Es arrojada a la catástrofe, pero este hecho le revela una verdad mayor sobre sí misma y el mundo. Concluye que la auto-aniquilación es el único camino para la revelación del propio Ser (metáfora reforzada con las imágenes de Cristo crucificado, que a su vez, hacen de contrapunto con el relato vampírico).

Estos fotogramas de tres subsegmentos distintos de la primera mitad de la película, representan la transformación decadente de Kathleen: En el primero, se mira al espejo e intenta verse la herida (el principio del mal) que le ha causado Casanova. En el segundo mira con asco a su amiga Jean mientras ésta come y le explica lo que es un Magisterio. En el último fotograma vemos al profesor  que descubre los espejos tapados del piso de Kathleen.

Este personaje outsider, al ir más allá de la adicción vampírica –porque rompe los lazos morales y duda de las creencias que hasta entonces le sujetaban a su mundo–, adquiere los rasgos subterráneos del filósofo nietzscheano2En la película –la escena de Kathleen acariciando la tierra de una maceta que rompe–, esta metáfora cobra dos sentidos: el anhelo de tierra como el retorno antiplatónico a lo real y la necesidad propia de los vampiros por las profundidades, en tanto que muertos resucitados: la osadía de ir a las profundidades, al origen del engaño y descubrir la falsificación de lo real –mundo de lo igual–, en la que el sujeto normal está inmerso y anulado. De modo que para Kathleen, la caída toma un sesgo filosófico, que aúna la inquietud moral y la voluntad de saber.

Fotograma de un niño contemplando la barbarie nazi en una exposición, a la que asisten Kathleen y Jean.

Así que todo o casi todo se vuelve contradictorio e inestable. Todo cambia de lugar y adquiere distinta significación, lo que demuestra la inconsistencia de lo real (típico del cine posmoderno heredero del Postestructuralismo). La ambivalencia moral es sólo un síntoma de la enfermedad de la existencia; de ahí la progresiva desadaptación y decadencia de Kathleen, al mismo tiempo que la conciencia de sí misma y del mundo se extiende y se profundiza.

 

Recessus divino

En la película, una situación peligrosa y abyecta que podría haber sido, simplemente, el camino sin retorno de la autodestrucción, se convierte en un extraño éxodo metafísico hacia el Ser.
En definitiva, adicción, vampirismo3Adicción y vampirismo, como metáforas del álgebra de la necesidad (Burroughs) y la voluntad paroxista del que acaba de descubrirse a sí mismo; de rebelarse y des-sujetarse y filosofía confluyen en esta narración fílmica de un tipo especial de desadaptado, uno que se revela a sí mismo después de su propia aniquilación simbólica (salida del mundo positivo). Y en este sentido el filme, pasa del determinismo al optimismo, ya que reafirma la trayectoria del outsider subterráneo, el investigador existencialista que, finalmente, alcanza la redención, cumpliéndose así la dialéctica del desastre.

Fotogramas del encuentro entre Peina y Kathleen. Único subsegmento o secuencia en que aparece este personaje, el outsider más viejo de todos.

Este recesus divino  supone el deseo de dominar la adicción: transformar el veneno en la cura. De ahí la importancia del fragmento de Peina. Seguramente, Ferrara adivinó que la mejor manera de retener lo esencial del filme era que lo enfatizara una figura de tanto peso como Walken –Peina– y que además, para remarcarlo, el personaje de Peina saliera una sola vez en escena, la secuencia más larga de la película.

A través de estos fotogramas recorremos el camino descendente de Kathleen, una metamorfosis destructiva que, irónicamente, la llevará a la redención o salvación de sí misma.

Finalmente, respecto a las formas de estilo post-barroco, el filme utiliza la temática de la virgen ultrajada convertida en bruja, en perversa, o en asesina. La virgen que es incitada al mal  se venga y toma carta del asunto. El filme, al tomar la adicción como caída y éxodo metafísico, y al ser protagonizada por una mujer que se sale de la normalidad podría representar, perfectamente, una escena típica de Elisabetta Sirani o Artemisia Gentileschi.
Con una arriesgada dialéctica batailleana entre lo grotesco y lo poético, el relato se dibuja con expresionistas encuadres de avidez yonqui y de sesiones filosóficas. Todo ocurre bajo el influjo contrapunto entre la música negra (Hip hop y Soul) y la música clásica de la banda sonora, mezclándose así, como en todas las formas del filme, lo nuevo y lo viejo, lo sublime y lo abyecto, y la película en blanco y negro enfatiza el contraste que define y estiliza el relato.

Fotogramas de la escena de la cita entre Kathleen y su profesor para hablar de la tesis.

 

Ficha técnica

Trailer

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